Humildemente agrego:
"Nadie es más soberbio que el que pretende hacer lo que no sabe"
Humildemente agrego:
"Nadie es más soberbio que el que pretende hacer lo que no sabe"
"¡Sacrificaos (dice la Virgen) por los pecadores y decid muchas veces, y especialmente cuando hagáis un sacrificio: OH, Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María!"
-"Habéis visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hacen lo que yo os digo se salvarán muchas almas y tendrán paz...”
Relatos de Lucía
"Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman".
“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que El mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores".
Quisiera al final volver aún sobre otra palabra clave del 'secreto', que con razón se ha hecho famosa: 'mi Corazón Inmaculado triunfará'.¿Qué quiere decir esto? Que el corazón abierto a Dios, purificado por la contemplación de Dios, es más fuerte que los fusiles y que cualquier tipo de arma. El fiat de María, la palabra de su corazón, ha cambiado la historia del mundo, porque ella ha introducido en el mundo al Salvador, porque gracias a este 'sí' Dios pudo hacerse hombre en nuestro mundo y así permanece ahora y para siempre. El maligno tiene poder en este mundo, lo vemos y lo experimentamos continuamente; él tiene poder porque nuestra libertad se deja alejar continuamente de Dios".
"Pero desde que Dios mismo tiene corazón humano y de ese modo ha dirigido la libertad del hombre hacia el bien, hacia Dios, la libertad hacia el mal ya no tiene la última palabra. Desde aquel momento cobran todo su valor las palabras de Jesús: 'padeceréis tribulaciones en el mundo, pero tened confianza; yo he vencido al mundo' (Jn 16,33). El mensaje de Fátima nos invita a confiar en esta promesa".Cardenal Ratzinger
Vivimos una época rica en inteligencias creadoras, cuyas expresiones han de acrecentar considerablemente nuestras vidas. Hoy cruzamos
los mares merced a la fuerza desarrollada por el hombre, y empleamos también esa energía para aliviar a la humanidad del trabajo muscular agotador. Aprendimos a volar y somos capaces de enviar mensajes y noticias sin dificultad alguna a los más remotos lugares del mundo, por medio de ondas eléctricas.
No obstante, la producción y distribución de bienes se halla por completo desorganizada, de manera que la mayoría ha de vivir temerosa ante la posibilidad de verse eliminada del ciclo económico, y sufrir así la falta de lo necesario. Además, los habitantes de las distintas na-ciones se matan entre sí a intervalos regulares, por lo que también, debido a esta causa debe sentir miedo y terror todo el que piense en el futuro. Esta anomalía se debe al hecho de que la inteligencia y el carácter de las masas son muy inferiores a la inteligencia y al carácter de los pocos que producen algo valioso para la comunidad. Confío en que la posteridad lea estas afirmaciones con un sentido de justicia y la necesidad de un cambio en la situación.
Durante los primeros años del hospital de ciegos, como se sabe, todos los internos detentaban los mismos derechos y sus pequeñas cuestiones se resolvían por mayoría simple, sacándolas a votación. Con el sentido del tacto sabían distinguir las monedas de cobre y las de plata, y nunca se dio el caso de que ninguno de ellos confundiese el vino de Mosela con el de Borgoña. Tenían el olfato mucho más sensible que el de sus vecinos videntes. Acerca de los cuatro sentidos consiguieron establecer brillantes razonamientos, es decir que sabían de ellos cuanto hay que saber, y de esta manera vivían tranquilos y felices en la medida en que tal cosa sea posible para unos ciegos.
Por desgracia sucedió entonces que uno de sus maestros manifestó la pretensión de saber algo concreto acerca del sentido de la vista. Pronunció discursos, agitó cuanto pudo, ganó seguidores y por último consiguió hacerse nombrar principal del gremio de los ciegos. Sentaba cátedra sobre el mundo de los colores, y desde entonces todo empezó a salir mal.
Este primer dictador de los ciegos empezó por crear un círculo restringido de consejeros, mediante lo cual se adueñó de todas las limosnas. A partir de entonces nadie pudo oponérsele, y sentenció que la indumentaria de todos los ciegos era blanca. Ellos lo creyeron y hablaban mucho de sus hermosas ropas blancas, aunque ninguno de ellos las llevaba de tal color. De modo que el mundo se burlaba de ellos, por lo que se quejaron al dictador. Éste los recibió de muy mal talante, los trató de innovadores, de libertinos y de rebeldes que adoptaban las necias opiniones de las gentes que tenían vista. Eran rebeldes porque, caso inaudito, se atrevían a dudar de la infalibilidad de su jefe. Esta cuestión suscitó la aparición de dos partidos.
Para sosegar los ánimos, el sumo príncipe de los ciegos lanzó un nuevo edicto, que declaraba que la vestimenta de los ciegos era roja. Pero esto tampoco resultó cierto; ningún ciego llevaba prendas de color rojo. Las mofas arreciaron y la comunidad de los ciegos estaba cada vez más quejosa. El jefe montó en cólera, y los demás también. La batalla duró largo tiempo y no hubo paz hasta que los ciegos tomaron la decisión de suspender provisionalmente todo juicio acerca de los colores.
Un sordo que leyó este cuento admitió que el error de los ciegos había consistido en atreverse a opinar sobre colores. Por su parte, sin embargo, siguió firmemente convencido de que los sordos eran las únicas personas autorizadas a opinar en materia de música.
Hermann Hesse (1929)
Justicia: Una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece. (Real Academia Española)
Ánimo!!!
Al fín!!!
Encontré un artículo sobre las obligaciones humanas... de Sergio Sinay* (para el diario La Nación). Trasncribo:
Quizá dentro de algunas centurias cause asombro que, al promediar el siglo XX, los países que componían las Naciones Unidas hubieran firmado una declaración de los derechos humanos. El documento, aprobado el 10 de diciembre de 1948, proclama los derechos civiles, económicos, sociales y políticos de “todos los miembros de la familia humana”.
Acaso los habitantes de ese futuro hipotético se pregunten por qué, al cabo de casi dos mil años de civilización cristiana y occidental y de muchos más de otras culturas, las personas tuvieron que recordarse a sí mismas que el solo hecho de nacer como tales las hacía acreedoras a una serie de prerrogativas vinculadas con la dignidad, la compasión, el respeto, la aceptación, la solidaridad. Con el concepto mismo de vida, en fin.
Los adultos de hoy, los que ya atravesamos la línea media de la vida, somos la primera generación de nuestra especie que vive bajo la cobertura de la Declaración de Derechos Humanos. Y en estos primeros años del siglo XXI la reivindicación de esos derechos parece cobrar una potencia y una perseverancia confirmatorias.
Esto se ve en el mundo y se vive de manera palpable en nuestra propia vida cotidiana. El trabajo, la alimentación, el voto, la educación, la salud, el salario, la antigüedad, la indemnización, la identidad de género, la sexualidad, la identidad, la paternidad, el propio origen familiar, la información en todos los campos y en todas las formas, la libertad, el libre desplazamiento y un número creciente e indeterminado de tópicos son invocados, con razón, como materia de derechos.
Asombra, de veras, la cantidad de derechos que pueden ser reivindicados. Y asombra también que durante tanto tiempo y en tantas sociedades (en muchas, lamentablemente, aún hoy) no hayan sido considerados, nombrados, exigidos ni, mucho menos, respetados. Sin embargo, hay en esta cuestión un aspecto paradójico e inquietante. Por una parte, la reivindicación y defensa de los derechos humanos nos conecta con nuestra condición humana, con la dignidad de esta condición. Por otro lado, de la manera en que dicha reivindicación tiende cada vez más a expresarse, nos disocia de un aspecto esencial de lo humano.
Quizá la conciencia humana alcance su más alto grado de expansión y de expresión cuando cada uno de nosotros pueda sentirse parte de un todo, antes que un todo entre partes sueltas. Cuando la hoja de un árbol cae, en el otoño, el árbol permanece. Sin la hoja, el árbol no hubiera sido el que es. Al morir la hoja, cesa una forma del árbol, pero no el árbol. ¿Qué es el árbol? ¿Su tronco, sus ramas, sus hojas, sus raíces? Es cada una esas cosas. Es todas. No es ninguna de ellas. Es el conjunto. Es imposible que una de todas esas partes se vea afectada sin que sea el árbol el perjudicado. Cuando una hoja enferma, el árbol está enfermo. Cuando un fruto se gesta, es el árbol el que brota. El vigor llega desde sus raíces; cuando es debilitado, ellas mueren.
El árbol no necesita aprender esto. Está en su semilla. Jamás una hoja conspira contra el árbol en nombre de su derecho al verdor perenne. Ni un tronco se desentiende de las ramas en nombre de su derecho a no ser sobrecargado. Ni una raíz se desprende del resto por su derecho a enterrarse a gusto. Hay una sabiduría, por llamarla así, secreta y natural que hace a la armonía del árbol. Cada una de sus partes es el todo y el todo es más que la suma de las partes.
En nuestros días y en nuestra sociedad, veo una tendencia creciente a invocar derechos como derechos de parte. Hay un creciente desinterés por cómo afecta esa invocación al resto del cuerpo social o de la comunidad humana, según, los medios que se utilicen. Los derechos de parte empiezan a prevalecer sobre los derechos del todo, con la creencia de que las prerrogativas de la parte que reclama son más importantes y prioritarias que las de otras ramas del mismo árbol. Si para lograr la reivindicación, otras ramas, la raíz o el mismo tronco se ven perjudicados, poco importa. A la hoja deja de importarle la rama, a la rama no le importa el tronco. Lo que en el árbol natural es sabiduría, en el árbol social es ignorancia. Como si se pudiera ser una hoja sana en un follaje enfermo.
La ciudad es paralizada por quienes reclaman sus derechos negando los de otros (a viajar, a comunicarse, a trabajar). Quienes gobiernan, piensan: “Este reclamo no es contra nosotros; es contra los empleadores”. El tronco del Gobierno se cree parte de otro árbol. Un sector de la sociedad se siente ofendido por una muestra plástica. Un funcionario, responsable de la muestra, dice: “No tengo que pedir perdón, porque no ofendí”. Una hoja del mismo árbol dijo: “Me ofendes”, pero él no la escucha. Cree que sólo lastima cuando él considera que ofende, no cuando el ofendido reclama. Trabajadores que invocan un derecho queman basura, contaminan la ciudad, enferman a sus habitantes. No se creen parte del mismo árbol, no recuerdan que respiran el mismo aire que envenenan.
Esto se multiplica hasta el infinito cuando en una sociedad la palabra “derecho” habilita para cualquier conducta y cualquier método. Pero ocurre que esa palabra forma parte de un árbol en el cual florecen también los deberes.
¿De quién se pide, en definitiva, el respeto de los derechos que invocamos? De los demás. ¿Con quién tenemos deberes? Con los demás. Ese es el costo del beneficio de vivir entre otros seres humanos. Que es, por otra parte, el único modo en que un ser humano puede vivir y trascender. Jean Daniel, un maestro del periodismo y del pensamiento contemporáneo, fundador de Le Nouvel Observateur y compañero de ideas y experiencias de Albert Camus, decía hace poco, a sus lúcidos y vigentes 84 años, que, en una sociedad democrática, los ciudadanos tienen más deberes que derechos y que recordarlo garantiza el desarrollo y la supervivencia de esa sociedad. Por su parte, el filósofo y novelista Jostein Gardner, autor de la ejemplar Historia de Sofía, preguntaba recientemente si, así como el siglo XX fue el de los derechos humanos, no debería ser el siglo XXI aquel en el cual se proclame la Declaración de los Deberes Humanos.
Acaso sea así y acaso sea urgente. Abundan los deberes olvidados o eludidos. Tienen nombres como empatía, solidaridad, aceptación, respeto, constancia, responsabilidad, compasión, presencia, ánimo de escuchar, honestidad, austeridad. Hay muchos más. Detrás de cada derecho que invocamos hay un deber. O más de uno. Y el primer deber es recordarlo. En nombre de la salud del árbol que componemos. Y de su supervivencia.
* Sergio Sinay es autor de Vivir de a dos, Las condiciones del Buen Amor y Ser padre es cosa de hombres, entre otras obras.
Y un centímetro más abajo:Se agudiza la crisis por la escasez de gasoil en el campo.
En cualquier momento el diario dirá:El Gobierno controlará la venta de gasoil.
A las personas les cuesta, cada vez más, ser felices.Y un cuarto de centímetro más abajo:
El Gobierno controlará el grado de felicidad de los individuos.
Por todos lados leo (y observo) sobre los "derechos humanos"... me parece bien. Pero me pregunto: ¿cuándo será el turno de las "obligaciones humanas"?
Uno de los dilemas que en estos días encuentra la economía es el del elevado nivel de emisión monetaria. Como consecuencia de la fuerte entrada de dólares, y ante la decisión política de no dejar muy por debajo de $ 3 el precio de la divisa, el Banco Central debió emitir bastante.
El presidente del BCRA, Martín Redrado, tenía previsto comprar a razón de 50 millones de dólares por día pero, en la mayoría de las ruedas, compró US$ 75 millones. Así, lo que se conoce como base monetaria (circulante más dinero en cuenta corriente) terminaría en diciembre un 10% por encima del nivel de noviembre.
Y eso, ¿es mucho o es poco? Sólo hay que pensar que el programa monetario de todo 2005 prevé una expansión del 18%. En caso de seguir expandiendo la moneda podrían aparecer los riesgos de inflación. Aún no se los avizora, pero habría que esperar que el Central actúe para evitarlos y rápidamente.
Del diario Clarín
Aviso con tiempo, si no arreglamos ciertas cosas esto tarde o temprano va a explotar... después no digan que no se los advertí.
La Argentina se consolidó durante 2004 como el país con mayor presión impositiva de América latina, contemplando las alícuotas de los tributos a las Ganancias y al consumo. (¡¡¡ Vamos todavía !!!) Si bien en cada uno de los impuestos hay estados con porcentajes tributarios mayores, la combinación de éstos hace que en el agregado la Argentina supere largamente al resto de los países latinoamericanos.
Pero hay algo peor. Si a estos tributos se les suman los impuestos más distorsivos del sistema argentino (el del cheque y las retenciones a las exportaciones), la presión total se eleva aún más. (... en algo tenemos que ser los primeros...)
Diario Ambito Financiero, 21-12-04
Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comer.
Cuando tenga sed, mándame quien quiera beber...
Cuando tenga frío, mándame a alguien para que lo abrigue.
Cuando me disguste, ofréceme a alguien que necesite mi consuelo...
Cuando mi cruz se vuelva pesada, hazme compartir la cruz de otro.
Cuando me sienta pobre, condúceme hasta quien esté necesitado.
Cuando tenga tiempo, dame a alguien a quien pueda ayudar unos momentos.
Cuando me sienta humillado, hazme que tenga a alguien a quien alabar.
Cuando esté desanimado, mándame a quien dar ánimo.
Cuando me sienta incomprendido, mándame a alguien que necesite mi comprensión.
Cuando piense solo en mí mismo, atrae mi atención en otras personas.
Haznos dignos Señor de servir a nuestros hermanos que en todo el mundo viven y mueren pobres y hambrientos.
Amén.Madre Teresa de Calcuta.
Meses atrás, junto a mi mujer y con un grupo de amigos, tuvimos el privilegio de hacer el Camino de Santiago, verdadero contacto con los orígenes apostólicos de nuestra tradición cristiana.
Se denomina así, Camino de Santiago, por ser la ruta que conduce a la tumba del apóstol, la que se encuentra en la misma catedral de la ciudad que lleva su nombre: Santiago de Compostela. En el siglo IX, durante el reinado de Alfonso II, se determinó el sitio en que el santo había sido inhumado, en los alrededores de Padrón, próximo a Finisterre, lugar que debe su nombre a la creencia de que hallaba en el fin occidental de la Tierra. Es el final del recorrido que realizó el apóstol en su misión evangelizadora.
Santiago de Compostela, desde ese descubrimiento, se convirtió en un centro de trasvasamiento cultural y en uno de los más grandes destinos de peregrinación del mundo. Como el recorrido se efectúa a través del campo (per agrum, en latín), a quienes concurrían se los empezó a llamar "peregrinos".
Así, el Camino de Santiago ha significado una valiosa vivencia personal. Recorre paisajes de inigualable belleza, entre las más atractivas de España, además de fuentes de entrañables tradiciones históricas y culturales.
A lo largo de los 110 km de caminata, uno tiene tiempo de reflexionar y compartir pensamientos.
Cuando empieza el recorrido, se tienen objetivos concretos: llegar y, además, que todo el grupo lo consiga. El camino es único; no tiene atajos. Es más fácil hacerlo en equipo.
Se alcanza el objetivo después de cumplir varias etapas. Hay subidas y bajadas. Hay puentes que unen. Se tiene dependencia de cosas simples como el agua.
Se mira hacia adelante y se pisa sobre seguro. Se recorre el camino con esperanza. Se valora la tradición de los que lo hicieron antes. Todos los días se vuelve a empezar. Alcanzar el objetivo depende del grupo. El peregrinaje no es "mío"; es "nuestro".
La comparación con la Argentina surge naturalmente. Caminos, subidas y bajadas, esfuerzo, cansancio y, a su vez, esperanza sensata y compromiso.
Fragmentación
Muchas veces miramos para atrás a pesar de nuestros fracasos del pasado. No tenemos objetivos claros, no tenemos políticas de largo plazo. Tenemos visión de corto plazo. Son pocos los que tienden puentes.
Somos una sociedad y una dirigencia fragmentada. Somos escépticos; pareciera que no somos conscientes de la profecía autocumplida. No tenemos conciencia de la incidencia de nuestras acciones u omisiones en el resto de la sociedad. Nos gustan los atajos, que a la larga nos pierden del camino y del destino.
Las enseñanzas del camino son simples y concretas. Mirar hacia el futuro; ponerse objetivos de largo plazo como políticas de Estado. Estos objetivos tienen etapas bien definidas. No busquemos atajos. Simplemente analicemos qué hicieron aquellos equipos, aquellos países a los que les va bien. Copiemos lo que está estructuralmente bien hecho y utilicemos nuestra creatividad para acelerar nuestra velocidad de crecimiento.
Construyamos puentes dentro de la sociedad y su dirigencia. Trabajemos en equipo. Busquemos la eficiencia, más que discutir ideologías. Caminemos trabajando con realismo pero también con optimismo. Pongámonos objetivos ambiciosos sabiendo que los alcanzaremos simplemente dando los pasos necesarios. Comprometámonos con la palabra "nosotros".
Entre nosotros y por nosotros, empecemos a recorrer este camino de la Argentina.
"Las fiestas de fin de año y el comienzo de 2005 no serán tan felices como quiere el Gobierno. Los aumentos que recibirán los empleados públicos y privados y los jubilados tendrán como contracara alzas en el precio de los cigarrillos, los taxis y el gasoil, cuyo impacto se hará sentir con más fuerza en el índice de inflación de enero."
"Es muy difícil que en materia de precios se repita lo que sucedió este año con una inflación tan baja, especialmente porque todavía hay muchos rubros que vienen con aumentos postergados, como en el caso de las tarifas de los servicios públicos"
... un probable aumento de los precios en enero se explicaría por factores estacionales y asimismo había descartado de plano un rebrote inflacionario provocado por la decisión oficial de incrementar los salarios para los empleados públicos y privados. "La Argentina no tiene presiones inflacionarias", señaló anteayer Redrado.
Más allá de sus diferencias políticas, todos los gobiernos desde la recuperación de la democracia han coincidido en su estrategia económica en dos puntos: aumentaron el gasto público y los impuestos. Tal vez la única diferencia es que algunos utilizaron el impuesto inflacionario más que otros.
Se sigue cumpliendo con exactitud la observación de Juan Bautista Alberdi en 1856: "Hasta aquí el peor enemigo del país ha sido la riqueza del fisco. Somos países de complexión fiscal, pueblos organizados para producir rentas reales. Después de ser máquinas del fisco español, hemos pasado a ser máquinas del fisco nacional; he ahí toda la diferencia. Siempre máquinas serviles de rentas, que jamás alcanzan porque la miseria y el atraso, nada pueden redituar."