21 de febrero de 2013

La regla de oro: el sentido del otro.



“Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.” (Mt 7,12)



Estas palabras del Evangelio de hoy, conocidas como “la regla de oro” tienen hoy absoluta vigencia, o mejor: ¿tienen hoy absoluta vigencia?

El AT lo expresa en negativo: no hagan a los demás… Ahora Jesús las coloca en positivo: hagan. Esto no es un simple cambio lingüístico para expresar lo mismo con otras palabras. El llamado es mucho mayor y más exigente. Es más fácil no hacer que hacer. Porque es más fácil ser pasivo que activo.

Dicho de otro modo: cuesta más salir de uno mismo que mirarse el ombligo. De hecho, es casi nuestra actitud cotidiana contemplar y velar por nuestro propio ombligo. Y por el contrario, implica esfuerzo, ascesis, y perseverancia mirar más allá de uno mismo.

Alguna vez alguien -perdón por la precisión- definió el pecado como el “estar encorvado sobre sí mismo”. Es el peso del egoísmo el que una y otra vez anida en nuestro corazón.

Eso es justamente lo que nos nubla la vista. Y con la vista-sin-vista no podemos reconocer al otro, ni al totalmente Otro. Con los ojos nublados perdemos el “sentido del otro”. El miope yoísmo excluye al otro y al Otro. No hay lugar para los otros, para el Otro, donde sólo impero Yo.

Resulta interesante –por no decir urgente– en esta cuaresma y a lo largo de toda la vida, revisar nuestra mirada, repasar el “sentido del otro”. ¿A quién se dirigen nuestros ojos? y ¿por qué?

Mirar al Traspasado, mirar a Cristo. Porque es Él quien nos enseña y nos ensancha el horizonte de nuestra mirada. Los ojos fijos en las manos de nuestro Señor, parafraseando el salmo. Mirar a Cristo y contemplarlo, porque Él ha mirado nuestra pequeñez, porque Él nos ve aun cuando todavía estamos lejos para salir corriendo a nuestro encuentro y colgar sus brazos en nuestro cuello (Lc 15). Porque su mirada es compasiva. Porque su mirada es nuestra vida. Porque su mirada nos salva, nos descentra.

Que en este tiempo podamos elevar la vista y encontrar, en los ojos del Señor, el llamado y la fuerza para hacer por otros lo que Cristo hace por nosotros. Amén.

19 de febrero de 2013

Privilegio y humildad...



En su última visita al seminario de Roma –última por partida doble: la más reciente y la definitiva–, el Papa Benedicto XVI compartió una Lectio Divina con los seminaristas, a la luz de 1 Pe 1,3-5 (“Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, nos hizorenacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera, que ustedes tienen reservada en el cielo. Porque gracias a la fe, el poder de Dios los conserva para la salvación dispuesta a ser revelada en el momento final.”)

El comienzo de la carta dice: “Pedro, Apóstol de Jesucristo, saluda a los que viven como extranjeros, dispersos en el Ponto, en Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, a los que han sido elegidos” (1 Pe 1,1).

Dejo, a continuación, un extracto de sus palabras, las que –como siempre– son impresionantes. (Se me han venido a la memoria del corazón muchos rostros, con distintas situaciones personales, de fe, etc. Espero encuentren en estas palabras aliento y alimento para el –a veces– arduo y estrecho camino de la fe). En ese sentido, y ya lo dejo hablar al Papa, he pensado que si bien las palabras que siguen se dirigen a seminaristas, le caben muy bien a cualquier cristiano. Ahora sí, con ustedes, Benedicto XVI:



… Elegidos: me parece que vale la pena reflexionar sobre esta palabra. Somos elegidos. Dios nos conoce desde siempre, antes de nuestro nacimiento, de nuestra concepción; Dios me quiso cristiano, católico, me quiso sacerdote. Dios ha pensado en mí, me ha buscado a mí entre millones, entre muchos, me ha visto y ha elegido, no por mis méritos que no existían, sino por su bondad. Ha querido que yo sea portador de su elección, que es siempre también misión, sobre todo misión, y responsabilidad por los demás. Elegidos: debemos estar agradecidos y alegres por este hecho. Dios ha pensado en mí, me ha elegido como católico, a mí como portador de su Evangelio, como sacerdote. Me parece que vale la pena reflexionar muchas veces sobre esto, y volver a entrar en este hecho de su elección: me eligió, me quiso; ahora yo respondo.

Tal vez hoy nos tienta decir: no queremos estar contentos por haber sido elegidos, sería triunfalismo. Triunfalismo sería si nosotros pensáramos que Dios me eligió porque soy grande. Esto sería realmente triunfalismo equivocado. Pero estar contentos porque Dios me ha querido no es triunfalismo, es gratitud. Pienso que debemos volver a aprender esta alegría: Dios ha querido que yo nazca así, en una familia católica, que haya conocido desde el comienzo a Jesús. ¡Qué gran don ser amado por Dios, de tal modo que he podido conocer su rostro, he podido conocer a Jesucristo, el rostro humano de Dios, la historia humana de Dios en este mundo! Estar alegres porque me ha elegido para ser católico, para estar en esta Iglesia suya, donde subsistitEcclesiaunica; debemos estar alegres porque Dios me ha dado esta gracia, esta belleza de conocer la plenitud de la verdad de Dios, la alegría de su amor.

Elegidos: una palabra de privilegio y de humildad al mismo tiempo. Pero «elegidos» —como decía— está acompañado de «parapidemois», dispersos, extranjeros. Como cristianos estamos dispersos y somos extranjeros: vemos que hoy en el mundo los cristianos son el grupo más perseguido porque no son conformistas, porque es un estímulo, porque están contra las tendencias del egoísmo, del materialismo, de todas estas cosas.

Ciertamente los cristianos no son sólo extranjeros; somos también naciones cristianas, estamos orgullosos de haber contribuido a la formación de la cultura. Hay un sano patriotismo, una sana alegría de pertenecer a una nación que tiene una gran historia de cultura, de fe. Pero, como cristianos, somos también siempre extranjeros, —la historia de Abrahán, descrita en la Carta a los Hebreos. Somos, como cristianos, precisamente hoy, siempre también extranjeros. En los lugares de trabajo los cristianos son una minoría, se encuentran en una situación de extrañeza; asombra que uno hoy pueda aún creer y vivir así. Esto pertenece también a nuestra vida: es la forma de ser con Cristo Crucificado; este ser extranjeros, viviendo no según el mundo en el que viven todos, sino viviendo —o tratando al menos de vivir— según su Palabra, en una gran diversidad respecto a lo que dicen todos. Y precisamente esto es característico para los cristianos. Todos dicen: «Pero todos hacen así, ¿por qué yo no?». No, yo no, porque quiero vivir según Dios. San Agustín dijo una vez: «Los cristianos son aquellos que no tienen las raíces hacia abajo como los árboles, sino que tienen las raíces hacia arriba, y viven esta gravitación no en la gravitación natural hacia abajo». Roguemos al Señor para que nos ayude a aceptar esta misión de vivir, en cierto sentido, como dispersos, como minoría; de vivir como extranjeros y ser incluso responsables de los demás y, precisamente así, dando fuerza al bien en nuestro mundo.

Llegamos finalmente a los tres versículos de hoy. Quisiera sólo subrayar … tres palabras: la palabra regenerados, la palabra herencia y la palabra custodiados por la fe.

Regeneradosanaghennesas, dice el texto griego— quiere decir: ser cristiano no es simplemente una decisión de mi voluntad, una idea mía; yo veo un grupo que me gusta, me hago miembro de este grupo, comparto sus objetivos, etc. No: ser cristiano no es entrar en un grupo para hacer algo, no es un acto sólo de mi voluntad, no primariamente de mi voluntad, de mi razón: es un acto de Dios. Regenerado no concierne sólo al ámbito de la voluntad, del pensar, sino del ser. He renacido: esto quiere decir que llegar a ser cristiano es sobre todo pasivo; yo no puedo hacerme cristiano, sino que me hacen renacer, el Señor me rehace en la profundidad de mi ser. Y yo entro en este proceso del renacer, me dejo transformar, renovar, regenerar. Esto me parece muy importante: como cristiano no me hago sólo una idea mía que comparto con otros, y si dejan de gustarme puedo salir. No: concierne precisamente a la profundidad del ser, es decir, llegar a ser cristiano comienza con una acción de Dios, sobre todo una acción suya, y yo me dejo formar y transformar.

Segunda palabra: herencia. … Herencia es una cosa del futuro, y así esta palabra dice sobre todo que como cristianos tenemos el futuro: el futuro es nuestro, el futuro es de Dios. Y así, siendo cristianos, sabemos que el futuro es nuestro y el árbol de la Iglesia no es un árbol moribundo, sino el árbol que crece siempre de nuevo. Por lo tanto, tenemos motivo para no dejarnos persuadir —como dijo el Papa Juan XXIII— por los profetas de desventuras, que dicen: la Iglesia, bien, es un árbol nacido del grano de mostaza, creció en dos milenios, ahora tiene el tiempo tras de sí, ahora es el tiempo en el cual muere. No. La Iglesia se renueva siempre, renace siempre. El futuro es nuestro. Naturalmente, existe un falso optimismo y un falso pesimismo. Un falso pesimismo que dice: el tiempo del cristianismo se acabó. No: ¡comienza de nuevo! El falso optimismo era el posterior al Concilio, cuando los conventos cerraban, los seminarios cerraban, y decían: pero... nada, está todo bien... ¡No! No está todo bien. Hay también caídas graves, peligrosas, y debemos reconocer con sano realismo que así no funciona, no funciona donde se hacen cosas equivocadas. Pero también debemos estar seguros, al mismo tiempo, de que si aquí y allá la Iglesia muere por causa de los pecados de los hombres, por causa de su falta de fe, al mismo tiempo, nace de nuevo. El futuro es realmente de Dios: esta es la gran certeza de nuestra vida, el grande y verdadero optimismo que conocemos. La Iglesia es el árbol de Dios que vive eternamente y lleva en sí la eternidad y la verdadera herencia: la vida eterna.

Y, finalmente, custodiados por la fe. El texto del Nuevo Testamento, de la Carta de San Pedro, usa aquí una palabra rara, phrouroumenoi, que quiere decir: están «los vigilantes», y la fe es como «el vigilante» que custodia la integridad de mi ser, de mi fe. Esta palabra interpreta sobre todo a los «vigilantes» de las puertas de una ciudad, donde ellos están y custodian la ciudad, a fin de que no la invadan los poderes de destrucción. Así la fe es «vigilante» de mi ser, de mi vida, de mi herencia. Debemos estar agradecidos por esta vigilancia de la fe que nos protege, nos ayuda, nos guía, nos da la seguridad: Dios no me deja caer de sus manos. Custodiados por la fe: así concluyo. Hablando de la fe pienso siempre en aquella mujer siro-fenicia enferma, que, en medio de la multitud, logra llegar a Jesús, lo toca para ser sanada, y es curada. El Señor dice: «¿Quién me ha tocado?». Le dicen: «Pero Señor, todos te tocan, ¿cómo puedes preguntar: quién me ha tocado?» (cf. Mc 7, 24-30). Pero el Señor sabe: existe un modo de tocarlo, superficial, exterior, que no tiene realmente nada que ver con un verdadero encuentro con Él. Y existe un modo de tocarlo profundamente. Y esta mujer le tocó verdaderamente: le tocó no sólo con la mano, sino con su corazón, y así recibió la fuerza sanadora de Cristo, tocándolo realmente desde dentro, desde la fe. Esta es la fe: tocar a Cristo con la mano de la fe, con nuestro corazón, y así entrar en la fuerza de su vida, en la fuerza sanadora del Señor. Pidamos al Señor que podamos tocarle cada vez más de este modo para ser sanados. Pidamos que no nos deje caer, que también ella nos tome siempre de la mano y, de este modo, nos custodie para la verdadera vida.

18 de febrero de 2013

La Gracia supone la naturaleza...

Hace mucho que no paso por estos lados... cuántas cosas por decir, pero mucho más por callar!!!

Comienza el último año del Seminario, sí, el octavo... con sentimientos encontrados...

Por una parte, muchas ganas de terminar, de ser cura, de estar definitivamente en una parroquia, y no sólo los fines de semana.

Por otro lado: inquietud-preocupación al saber cuántas cosas quedan aún por trabajar en uno mismo. Una sensación -basada en la verdad de la realidad- de que no estoy preparado... y quizás nunca lo esté...

Que debo CONFIAR más en Dios y menos en mí mismo, eso es a todas luces evidente. (Valga agregar a la lista los verbos: pensar, amar, vivir, (y un largo etcétera) más en Dios, y menos ...

En el año de la Fe, ayúdanos, Señor, y aunque -un poco- creemos: ¡aumenta nuestra fe!

Sigo haciendo mía aquellas sabias y benditas palabras orantes de San Agustín: "¡Dame, Señor, lo que me pides, y pídeme lo que quieras"!

16 de julio de 2007

De vacaciones

"Todo buen cristiano sabe que las vacaciones son un tiempo oportuno para que el físico descanse y el espíritu se nutra dedicando más tiempo a la oración y la meditación, para crecer en la relación personal con Cristo y conformarse cada vez más a sus enseñanzas".

Benedicto XVI

14 de julio de 2007

Sobre el poverello

Fragmentos del discurso de Benedicto XVI a los sacerdotes y religiosos en Asis (17/6/07)


Hoy hablamos de la conversión de san Francisco, pensando en la opción radical de vida que hizo desde su juventud; sin embargo, no podemos olvidar que su primera "conversión" tuvo lugar con el don del bautismo. La respuesta plena que dio siendo adulto no fue más que la maduración del germen de santidad que recibió entonces.

Es importante que en nuestra vida y en la propuesta pastoral tomemos cada vez mayor conciencia de la dimensión bautismal de la santidad. Es don y tarea para todos los bautizados. A esta dimensión hacía referencia mi venerado y amado predecesor en la carta apostólica Novo millennio ineunte cuando escribió: "Preguntar a un catecúmeno, "¿quieres recibir el bautismo?", significa al mismo tiempo preguntarle: "¿quieres ser santo?"" (n. 31).

Los cristianos de nuestro tiempo tienen que afrontar cada vez con mayor frecuencia la tendencia a aceptar un Cristo disminuido, admirado en su humanidad extraordinaria, pero rechazado en el misterio profundo de su divinidad. El mismo san Francisco sufre una especie de mutilación cuando se lo cita como testigo de valores, ciertamente importantes, apreciados por la cultura moderna, pero olvidando que la opción profunda, podríamos decir el corazón de su vida, es la opción por Cristo.

Su mirada a la naturaleza es, en realidad, una contemplación del Creador en la belleza de las criaturas.

San Francisco es un hombre para los demás, porque en el fondo es un hombre de Dios. Querer separar, en su mensaje, la dimensión "horizontal" de la "vertical" significa hacer irreconocible a san Francisco.

Es preciso redescubrir el valor no sólo biográfico, sino también "eclesiológico", del encuentro del joven Francisco con el obispo Guido, a cuyo discernimiento y en cuyas manos entregó su opción de vida por Cristo, despojándose de todo.

13 de julio de 2007

5 de febrero de 2007

"En nuestra época -prosiguió Benedicto XVI-, está muy difundida sobre todo entre los jóvenes la necesidad de encontrar a Dios. Los que han sido elegidos por Dios para la vida consagrada hacen suyo de forma definitiva este anhelo espiritual. (...) Con su ejemplo proclaman a un mundo a menudo desorientado, pero en realidad siempre en búsqueda de un sentido, que Dios es el Señor de la existencia".

30 de enero de 2007

Armonía entre tranquilidad y actividad

"La tranquilidad en el sentido del Aquinate y la ardorosa actividad no se contraponen, sino que más bien se acoplan armoniosamente para quien está penetrado de la belleza y necesidad del fondo espiritual de la sociedad y de la nobleza de su ideal. Y precisamente a vosotros, jóvenes, inclinados a volver la espalda al pasado y dirigir al futuro la mirada de las aspiraciones y esperanzas, os decimos, movidos por vivo amor y por paterna solicitud: el entusiasmo y la audacia no bastan por sí solos si no se hallan puestos, como es necesario, al servicio del bien y de una bandera inmaculada. Vano es agitarse, fatigarse y afanarse sin apoyarse en Dios y en su ley eterna. Debéis estar animados del convencimiento de combatir por la verdad y de hacerle entrega de las propias simpatías y energías, de los anhelos y de los sacrificios; de combatir por las leyes eternas de Dios, por la dignidad de la persona humana y por la consecución de los fines. Cuando los hombres maduros y los jóvenes, anclados siempre en el mar de la eternamente viva tranquilidad de Dios, coordinan la diversidad de temperamentos y de actividad con un espíritu genuinamente cristiano, entonces, si el elemento propulsor se armoniza con el elemento moderador, la diferencia natural entre las generaciones nunca llegará a ser peligrosa, sino que, por el contrario, conducirá felizmente a la realización de las leyes eternas de Dios en el mudable curso de los tiempos y de las condiciones de vida."

Pio XII, Radiomensaje "Com Sempre" 24/12/42, nº 23

10 de noviembre de 2005

Efectos de la humillación y la mortificación

“La humillación no sólo se debe aceptar, sino también amarla, tanto como para masticarla como un alimento, y como cuando un alimento es amargo, por cuanto más se mastica tanto más se siente la amargura, así la humillación bien masticada hace nacer la mortificación, y estos son dos potentísimos medios, esto es, la humillación y la mortificación, para salvar ciertos obstáculos y obtener las gracias que se necesitan. Y mientras parecen dañinos a la naturaleza humana, como el alimento amargo parece que quiera causar más mal que bien, así la humillación y la mortificación, pero no. Cuando el fierro es más golpeado sobre el yunque, tanto más arroja chispas de fuego y queda puro, así el alma, cuanto más es humillada y golpeada bajo el yunque de la mortificación, tanto más arroja chispas de fuego celestial y queda purgada si verdaderamente quiere caminar la vía del bien; pero si es falsa sucede todo lo contrario.”

Jesús a Luisa P. (Volumen 3)

3 de noviembre de 2005

Jesús le habla de la nada y del amor que le lleva.

Jesús continúa viniendo pero con un aspecto todo nuevo. Parecía que de su corazón bendito salía un tronco de árbol que tenía tres raíces distintas, y este tronco, de su corazón entraba en el mío, y saliendo de mi corazón el tronco formaba tantas bellas ramas cargadas de flores, de frutos, de perlas y de piedras preciosas, resplandecientes como estrellas fulgidísimas. Ahora, mi amante Jesús, viéndose a la sombra de este árbol, se recreaba todo, mucho más que del árbol caían tantas perlas que formaban un bello adorno a su Santísima Humanidad. Mientras estaba en esta posición me ha dicho:

“Hija mía amadísima, las tres raíces que ves que contiene este árbol son: la Fe, la Esperanza y la Caridad. Y lo que tú ves, que este tronco sale de Mí y se introduce en tu corazón, significa que no hay bien que posean las almas que no venga de Mí; así que después de la Fe, la Esperanza y la Caridad, el primer desarrollo que hace este tronco es el hacer conocer que todo el bien viene de Dios, que de ellas no tienen otra cosa que su propia nada, y que esta nada no hace otra cosa que darme la libertad de hacerme entrar en ellas y hacerme obrar lo que quiero; mientras que hay otras nadas, esto es, otras almas, que con la libre voluntad que tienen se oponen, entonces, faltando este conocimiento, el tronco no produce ni ramas ni frutos, ni ninguna otra cosa de bueno. Las ramas que contiene este árbol, con todo el aparato de las flores, frutos, perlas y piedras preciosas, son todas las diversas virtudes que puede poseer el alma. Ahora, ¿quién ha dado la vida a este árbol tan bello? Ciertamente las raíces, esto significa que la Fe, la Esperanza y la Caridad abrazan todo, contienen todas las virtudes, tanto, que son puestas como base y fundamento del árbol, y sin ellas no se puede producir ninguna otra virtud.”

Así que he comprendido también que las flores significan las virtudes, los frutos los sufrimientos, las piedras y las perlas el sufrir únicamente por el solo amor de Dios. He aquí por qué aquellas perlas que caían formaban ese bello ornamento a Nuestro Señor. Ahora, mientras Jesús se sentaba a la sombra de este árbol, me miraba con ternura toda paterna, entonces, tomado por un rapto amoroso, que parecía que no podía contener en Sí, abrazándome fuertemente ha comenzado a decir:

“¡Cómo eres bella! Tú eres mi candorosa paloma, mi amada morada, mi templo vivo, en el cual unido con el Padre y el Espíritu Santo me complazco en deleitarme. Tu continuo penar por Mí me alivia y consuela de las continuas ofensas que me hacen las criaturas. Debes saber que es tanto el amor que te tengo, que estoy obligado a esconderlo en parte, para hacer que tú no enloquezcas y puedas vivir, porque si te lo hiciese ver no sólo enloquecerías, sino que no podrías continuar viviendo, tu débil naturaleza quedaría consumada por las llamas de mi Amor.”
Mientras esto decía yo me sentía toda confundir y aniquilar, y me sentía hundir en el abismo de mi nada, porque me veía toda imperfecta, especialmente notaba mi ingratitud y frialdad a las tantas gracias que el Señor me hace. Pero espero que todo redunde a su gloria y honor, esperando con firme confianza que en un esfuerzo de su Amor quiera vencer mi dureza.

Luisa Picarretta

25 de octubre de 2005

Los riesgos de la intensidad

“Mi abuelo me decía: `en la vida hay que ir tranquilo y seguro, sin angustia ni ansiedad. No hace falta correr más riesgos que los estrictamente necesarios, porque ya la vida, si es vivida como debe serlo, con intensidad, se encargará de proporcionarnos muchos más peligros que los que uno quiera buscar”.


Aznar, J. M.: Retratos y perfiles. De Fraga a Bush, Planeta, 2005.

24 de octubre de 2005

Vocación a pesar de todo

"Lo que nos hace santos y agradables a Dios es lo que nuestra vocación nos exige,
y no lo que escoge nuestra propia voluntad."
San Francisco de Sales

21 de octubre de 2005

Del sufrimiento

Por los oscuros abismos sin fin, caigo estando quieto,
dolido por el amor y la renuncia de levantar vuelo.
Se queman en fantasías lo mejor de mis sueños,
y se transforman en polvo todos mis cimientos.

Ojalá pudiera quemar mi dolor en estas palabras
y así volar en plenitud, desplegadas las alas.
Descansar en la Altura, porque es allí mi morada,
y respirar el Amor que da Vida a mi alma.

Suplico a estas notas que se lleven mis penas,
esas que me escoltan y me desesperan.
Oh Vida!, saca de este mal el bien que tu quieras,
sólo dame entereza, mientras dure la espera.

No pretendo cortar mis raíces de sauce,
preguntar el “por qué” es un vano gastarse.
Me abandono en Tus brazos, llenos de sangre,
Divino tesoro que por mí derramaste.

11 de octubre de 2005

Revolución

"En el siglo que acabamos de dejar atrás hemos visto revoluciones, cuyo programa era de no esperar más la intervención de Dios y tomar en sus manos el destino del mundo… La verdadera revolución consiste en acercase sin reservas a Dios que es la medida de lo justo y al mismo tiempo del amor eterno. ¿Qué nos puede salvar si no es el amor?”.

Benedicto XVI

7 de octubre de 2005

El cuarto Poema del Siervo de Yavé


«No hay en él parecer,
no hay hermosura para que le miremos ...
Despreciado y abandonado de los hombres,
varón de dolores y familiarizado con el sufrimiento,
y como uno ante el cual se oculta el rostro,
menospreciado sin que le tengamos en cuenta.
Pero fue él ciertamente quien soportó nuestros sufrimientos
y cargó con nuestros dolores,
mientras que nosotros le tuvimos por castigado,
herido por Dios y abatido.
Fue traspasado por nuestras iniquidades
y molido por nuestros pecados.
El castigo de nuestra paz fue sobre él,
y en sus llagas hemos sido curados.
Todos nosotros andábamos errantes como ovejas,
siguiendo cada uno su camino,
y Yavé cargó sobre él
la iniquidad de todos nosotros».

Is 53, 2-6

6 de octubre de 2005

¿Por qué?

"¿Por qué me ha escogido Dios?
¿Quién soy yo? Soy menos que un granito de polvo frente al universo, soy menos que una gotita invisible frente al océano, soy menos que un repugnante gusanillo que se arrastra en el fango de la tierra.
Soy un pobre sacerdote, entre tantos, el menos culto, el menos docto, el más desprovisto, un pobre sacerdote rico sólo en innumerables miserias de toda naturaleza.
¿Por qué me ha escogido Dios? Para que se entienda que yo no soy más que un pobre instrumento en Sus Manos, para que se entienda por todos que no soy más que una miserable pluma despuntada, mi misma caligrafía es símbolo de mi inconmensurable pobreza y nulidad.
¿Por qué me ha escogido Dios? Para confundir a los soberbios, hinchados de orgullo por su saber, que han llenado la Iglesia de errores y de herejías, envenenando a las almas. Sí, necedades, errores, herejías, sobre Dios, sobre la Iglesia, sobre la Santísima Virgen, sobre la Revelación. Dios es infinitamente sencillo y nos quiere sencillos y humildes.
“En verdad, en verdad os digo que si no os volvéis sencillos como estos pequeños, no entraréis en el reino de los cielos”.Basta transformar las cosas simples en las cosas más complicadas, basta acuñar nuevos vocablos, nuevas palabras, para ostentar su saber y atraer sobre sí, de este modo, la atención de los otros. [...]"

Esta es la introducción del libro de Monseñor Ottavio Michelini: "Tu sabes que yo te amo. Confidencias de Jesús a un sacerdote". Parece ser altamente recomendable... cuando lo termine veré.

5 de octubre de 2005

¿¡Pare de sufrir!?

[...] Así pues, la realidad del sufrimiento pone una pregunta sobre la esencia del mal: ¿qué es el mal?

Esta pregunta parece inseparable, en cierto sentido, del tema del sufrimiento. La respuesta cristiana a esa pregunta es distinta de la que dan algunas tradiciones culturales y religiosas, que creen que la existencia es un mal del cual hay que liberarse. El cristianismo proclama el esencial bien de la existencia y el bien de lo que existe, profesa la bondad del Creador y proclama el bien de las criaturas. El hombre sufre a causa del mal, que es una cierta falta, limitación o distorsión del bien. Se podría decir que el hombre sufre a causa de un bien del que él no participa, del cual es en cierto modo excluido o del que él mismo se ha privado. Sufre en particular cuando «debería» tener parte -en circunstancias normales- en este bien y no lo tiene.

Así pues, en el concepto cristiano la realidad del sufrimiento se explica por medio del mal que está siempre referido, de algún modo, a un bien.


Juan Pablo II, Carta Apostólica Salvifici Doloris, 1984.

4 de octubre de 2005

Ser ricos a los ojos de Dios

“Amada mía, ¿quieres ser bella? La cruz te dará los rasgos más bellos que se puedan encontrar tanto en el Cielo como en la tierra, tanto, de enamorar a Dios que contiene en Sí todas las bellezas.” Y continuaba Jesús: “¿Quieres tú estar llena de inmensas riquezas, no por breve tiempo sino por toda la eternidad? Pues bien, la cruz te suministrará todas las especies de riquezas, desde los más pequeños centavos, como son las pequeñas cruces, hasta las sumas más grandes, que son las cruces más pesadas; sin embargo los hombres que son tan ávidos por ganar dinero temporal que pronto deberán dejar, no se preocupan por adquirir un centavo eterno, y cuando Yo, teniendo compasión de ellos, viendo su despreocupación por todo lo que se refiere a lo eterno, benignamente les llevo la ocasión, en vez de tomarlo a bien se indignan y me ofenden, ¡qué locura humana, parece que la entienden al revés! Amada mía, en la cruz están todos los triunfos, todas las victorias y las más grandes adquisiciones. Para ti no debe haber otra mira más que la cruz, y esta te bastará por todo.

Estas palabras las dice Jesús a Luisa Piccareta antes de darle los estigmas.

Venir e ir

Saeta que voladora
cruza, arrojada al azar,
y que no se sabe dónde
temblando se clavará.

Hoja que del árbol seca
arrebata el vendaval,
sin que nadie acierte el surco
donde al polvo volverá.

Gigante ola que el viento
riza y empuja en el mar
y rueda y pasa y se ignora
qué playa buscando va.

Luz que en cercos temblorosos
brilla próxima a expirar,
y que no se sabe de ellos
cuál el último será.

Eso soy yo que al acaso
cruzo el mundo sin pensar
de dónde vengo ni a dónde
mis pasos me llevarán.
G. A. Bécquer

3 de octubre de 2005

Lógicamente...

En la lógica pura ningún hecho atómico (el tipo de hecho más simple que podamos experimentar) es jamás mencionado: nos confinamos nosotros mismos enteramente a las formas, sin preguntarnos qué objetos pueden llenar las formas. Esta lógica pura es independiente de los hechos atómicos; pero a la inversa, en cierto sentido, éstos son independientes de la lógica. La lógica pura y los hechos atómicos son los dos polos, lo apriori total y lo empírico total. Pero entre ambos hay una vasta región intermedia...

Bertrand Russell, Our Nowledge of the external World, 1956

30 de septiembre de 2005

La alta estima del silencio y el recogimiento.

Guardini tendía al silencio por una especie de gravitación espiritual. "El recto callar es el contrapolo viviente del recto hablar. Pertenece a ello como el inspirar al expirar" [1]. Al oir sus conferencias y homilías, se tenía la impresión de que sus palabras procedían siempre del silencio de la meditación asidua y recogida. "Se nota en el que habla si viene del silencio o no. Lo que proviene del silencio tiene plenitud y riqueza (...). Hablar sin silencio se convierte en cháchara. Sólo en el silencio brota la vida, se adensa la energía, se clarifica la interioridad, y los pensamientos e imágenes logran una forma precisa. Cuando se habla desde el silencio, lo que pensamos interiormente adquiere su forma auténtica"[2].


[1] Cf. Briefe über Selbstbildung, M. Grünewald, Maguncia 1930, p. 130.
[2] Cf. O. cit., p. 131.

28 de septiembre de 2005

Como el eco

En la introducción sinfónica de sus rimas (ver post anterior), termina diciendo:

"Si morir es dormir, quiero dormir en paz en la noche de la muerte sin que vengáis a ser mi pesadilla, maldiciéndome por haberos condenado a la nada antes de haber nacido. Id, pues, al mundo a cuyo contacto fuisteis engendrados, y quedad en él como el eco que encontraron en un alma que pasó por la tierra, sus alegrías y sus dolores, sus esperanzas y sus luchas."

Bécquer